viernes, 28 de noviembre de 2008

Una escena más...


Sus ojos chispeaban con la luz de la farola que les iluminaba en aquella solitaria avenida. Fuera el frío o las palabras que acaban de resbalar desde sus labios, lo cierto es que unas lágrimas habían comenzado su recorrido para desembocar donde su mentón formaba un óvalo perfecto. El viento corría caprichoso, haciendo que sus cabellos ondearan al compás de su vuelo.


Hermosa. Si hubiera tenido palabras que dar desde el nudo que se formaba donde antes había una garganta, 'hermosa' habría sido la única descripción que habría tenido para ella. Su mirada parda, sus labios del sabor de la miel, su piel salpicada con algunas pecas, dándole el aspecto de una niña traviesa, urgían una respuesta a la pregunta que eran esos puntos suspensivos al final de una frase a medio concluir.


Solo un gesto, cuando una palabra no describe un sentimiento, es solo el gesto suave el que tiene cabida. Un corto movimiento de la cabeza. Aventurándose a acercarse levemente a los labios de sus sueños.


Silencio. Por unos segundos en el silencio solo se oyó el paso mudo de dos viajeros que se atrevían a compartir por enésima vez un viejo camino… Y anclaron esa silenciosa promesa del tierno beso con un nudo formado por sus brazos.


Era un instante fugaz en el que los golpes de la vida, el frío de las noches y la lluvia de la soledad pasaban de largo a su lado, sin detenerse siquiera para recordarles que ahí estaban.


Después de todo es un momento especial aquel en el que podemos disfrutar de condenarnos con otro a vivir una compartida soledad.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Reinas en las sombras.




Supongo que os habrá ocurrido alguna vez una de esas veces en las que os sentáis frente al ordenador y dejáis que el tiempo se os escurra buscando un “nada concreto”. Empezais mirando el correo y cuando os dais cuenta, estáis leyendo con entusiasmo una página sobre las setas venenosas. Es curioso ver las vueltas que da nuestra inconsciente ansia de sabiduría en ocasiones.
Eso, más o menos es lo que me ha pasado en la última media hora. Me senté ante el ordenador mirando la hoja en blanco del word que tenía que cubrir con algo, a pesar de que el usar el verbo “tener” suena a obligación. Como muchas otras veces que me siento a escribir para este blog, decido dejarme llevar por cualquier pequeña cosa que me inspire unas letras, unas frases, y seguir experimentando para saber a dónde me llevan mis extrañas conclusiones.
Para ello, mis cuatro paredes ya están suficientemente vistas y decidí abrir el google y dejar que mis manos inventasen un nuevo camino. Mi primera idea fue escribir el día de hoy para ver si alguna referencia a lo sucedido históricamente en este día me daba alguna pista. Releí, por encima, los sucesos históricos y pasé a los personajes. Y ahí, sucedió el cambio y la chispa. Hombres. Hombres, hombres y más hombres. Hasta finales del siglo XIX y principios del siglo XX no aparecen los primeros nombres femeninos que, además, casi todos pertenecían a actrices.
Como mujer que soy, eso incendió las yemas de mis dedos y su necesidad de teclear la oleada de reflexiones que venían a mi cabeza según buscaba páginas y páginas con información de mujeres famosas anteriores a esas fechas. Y digo mujer, no feminista, por que empiezo a cansarme de que cuando sacamos el tema se nos tache de lo segundo. Ese tema es una realidad que todo el mundo conoce, pero si las mujeres no hablamos de ello ni rescatamos de las sombras de la historia a nuestras predecesoras, nadie lo hará, por que todavía no he visto a ningún hombre que lo haya hecho. Así que, es nuestro trabajo.
Decidí, entonces, convertirme en una especie de buscadora de olvidadas, aunque mis recursos no son del todo los adecuados. Me sumergí en internet y buceé durante un rato en la captura de nombres femeninos que hayan sobrevivido, o quizá malvivido, a la opresión. Descubrí, con no con poca sorpresa, que no es díficil encontrar nombres femeninos si lo que buscas son reinas y emperatrices con peso en la historia. De hecho, a lo largo de los últimos dos mil años de historia prácticamente todas las naciones de África han tenido su brillante reina bélica que ha dado posición y nombre a sus tierras. Excuso mencionar en España a la reina que provocó que el mapamundi tuviese un continente más en su superficie, y cuyo nombre femenino va siempre por delante del de su marido cuando se los menciona juntos.
Pero no era eso lo que yo buscaba. Ser una reina poderosa e influyente no era del todo fácil, pero ser reina sí lo era si tu cuna era de color azul. No es eso lo que quiero rescatar, pues no necesita ser rescatado. Quiero saber de esas otras mujeres que lucharon por ser todo aquello que los hombres ambicionaban sólo para sí. Aquellas que no se conformaron con tejer su ajuar de novia encerradas en su alcoba, ni con escuchar las grandes gestas poéticas en boca de los trovadores. Quiero saber quien era la suave y pequeña mano que realmente escribió tras un pseudónimo masculino, o cuyo descubrimiento hoy figura bajo un nombre inmerecedor de tal mérito.
Me entristece pensar que en la mayor parte de los casos mi búsqueda, o la de cualquier otra persona que lo intente, dejará morir a muchas mujeres que se perderán en el olvido de la historia para siempre, pues es imposible rescatarlas de entre la nada que envuelve su recuerdo.
Es inevitable, y lo siento para quienes no quieran leerlo, hablar de opresión… y también de religión.
Encontré que en la Antigua Grecia las mujeres gozaban de la posibilidad de asistir a las lecciones de filosofía y artes. No es dificil encontrar un nombre femenino entre los grandes poetas griegos, y en la escuela de Fidias eran muchas las mujeres que participaban de su educación. Tampoco en las ciencias y en la medicina se quedaban atrás. Sin embargo, sus nombres no lucen hoy en día al lado de los grandes maestros antiguos.
¿Cuál es la razón? Sencillamente irritante.
Uno de los filósofos más famosos de la historia, Santo Tomás de Aquino, escribió en su Suma Teológica: este es el sometimiento con el que la mujer, por naturaleza, fue puesta bajo el marido; porque la misma naturaleza dio al hombre más discernimiento.
Y esa fue la prerrogativa con la que se rigió la “sociedad civilizada” durante siglos de historia, hasta llegar al punto en el que, hoy en día, en el que mucha gente cree que la lucha por la igualdad se ha ganado, el hombre que escribió dicha premisa es leído con admiración en multitud de libros de historia y filosofía, mientras que tantas mujeres que se vieron opacadas por tal aberración cayeron en la más absoluta oscuridad.
Siguiendo tan humildes consejos, las mujeres fueron excluidas de las Universidades en los siglos XVI y XVII y aún es hoy el día en el que muchas de ellas son enviadas a la Universidad con el único propósito de obtener marido. Sin embargo, en estos siglos, algunos nombres femeninos se han forjado un hueco en el campo de la ciencia, obteniendo sus conocimientos de forma furtiva de los hombres de su entorno; o en la literatura, escribiendo a escondidas bajo un nombre masculino.
No tendré fuerzas para admirar a estas mujeres todo lo que se merecen, ni alcanzo a imaginar la pasión que el ansia de sabiduría despertaba en ellas para compensar todo el sufrimiento y la frustración que había de suponer el freno que su sexo representaba en aquella época. Cómo soportar no poder compartir la alegría de un nuevo descubrimiento, de una nueva obra y ver que otro recoge el fruto y el reconocimiento de tu trabajo.
Si he de quedarme con un nombre después de esta inevitable ácida crítica, mencionaré el caso de María Winkelmann. Esta astrónoma vivió entre los años 1670 y 1720, y tras recibir su educación a cargo de su padre y de su tío, entró en contacto con un astrónomo de su entorno de quien bebió sus conocimientos. Su inmersión en esta rama de la ciencia se vería completada con su matrimonio con Gottfried Kirch, astrónomo prusiano muy reconocido. Como su ayudante, operó en el observatorio astronómico de Berlín y contribuyó enormemente a la materia con el descubrimiento de un cometa y la publicación de una tesis acerca de la conjunción de Saturno y Júpiter. Participó además en diversos estudios en colaboración con su marido. Sin embargo, la muerte del mismo supondría el freno a su carrera. Tras el fallecimiento de éste, María solicitó una plaza de asistente en la Academia de Berlín para la que estaba sobradamente cualificada que le fue denegada por ser mujer y no tener estudios universitarios, a los cuales no podía acceder, evidentemente, por ser mujer.
Sólo un nombre, sólo un párrafo. Ridícula forma de honrar a alguien que se merecería un puesto de honor en un libro lleno de mujeres que todavía está por ser escrito.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Héroes de los que nadie escribe


Hay personas que intentan mejorar su pequeño universo. Vidas que se encargan de ser brújulas para los que, perdidos, entran en su círculo íntimo. Vidas que buscándolo o sin buscarlo acaban siendo faros entre un mundo repleto de dudas.

Normalmente no se les reconoce por su aspecto. Se les reconoce por los gestos, pensamientos, palabras de aliento o consejos que manan de ellos, como si de una fuente se tratara. Son cruzados de una batalla propia. Adalides de un ideal olvidado por tantos que parecen ser almas que vagan buscando una compañía afín.

Para ellos el enemigo a batir puede tener diferentes rostros: la soledad, el olvido, el dolor… Y sin embargo, a pesar de haber ganado bastantes batallas, de contar con cientos de buenos momentos, y de haber visto los resultados de su esfuerzo, portan tras sus espaldas batallas perdidas, derrotas que les hace replantearse si han sobrevivido un día más o si solo les queda un día menos que soportar.

Esas personas son héroes, sean reconocidas como tales o no. Son anónimos que con su sacrificio consiguen que su honor permanezca limpio. Sus esfuerzos pueden resultar vanos o efímeros, pero siempre alzan su brazo cuando estiman que su ayuda es necesaria. Pero tienen tantos fantasmas en su conciencia que a veces escapan. En ocasiones minan su resistencia, destruyen su ser, hacen algo irrisorio de lo que han convertido en un ideal, ofuscan su juicio para hacerles olvidar que su misión nunca se movió por una medalla o por una palabra de agradecimiento. Su recompensa no iba más allá que el vano orgullo de saber que si las cosas estaban bajo control era gracias a los pilares que ellos iban colocando donde veían que el puente iba a caer.

Y algunos de ellos, que mirando desde un enfoque son bajas muy considerables, sufrieron tanto que se convirtieron en aquel gris que rechazaban adquirir en el principio de sus caminos. Una nada que no hace honor ni reconoce el mérito de los pasos que recorrieron día tras día, convirtiéndolos en una sombra de la luz que fue su vida.
Porque después de todo, cuando lanzas el escudo a tierra, ese símbolo con el que defendías el ideal ante el que clavabas la rodilla al suelo, no dejas de defenderlo.

Directamente lo asesinas con las manos descubiertas.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

La vié en rose


Lucía miró ensimismada las grandes lámparas de la antesala del teatro.
Era su primera vez en el ballet.
La idea de asistir no la había entusiasmado demasiado al principio. A sus ocho años, todo lo que recordase a música clásica sonaba más bien aburrido. Su madre había insistido en llevarla y, finalmente gracias a que su prima, sólo dos años mayor que ella, parecía encantada con la idea, había accedido a ir.
Sin embargo, ahora que se encontraba aguardando la hora del espectáculo en la recepción, se alegraba de estar allí. Estaba emocionada con tanta gente alrededor. Miraba, maravillada, los elegantes trajes que vestían las señoras mientras sonreían y conversaban sosteniendo copas de champán entre sus manos; las enormes alfombras rojas que cubrían el suelo y subían las escaleras hacia los palcos; las altas cristaleras que provocaban juegos de luces sobre el interior del vestíbulo… Le parecía estar casi en un palacio, rodeada de “gente importante”.
Al fin, dos caballeros vestidos de “pingüino” abrieron las doradas puertas del teatro permitiéndoles el paso.
Su madre las guió al interior y Lucía contempló asombrada la grandeza del salón mientras buscaban los asientos correspondientes. Habían tenido suerte, pensó al sentarse en la quinta fila, muy cerquita del escenario. Desde allí se vería estupendamente, aunque por otra parte no dejaba de sentir cierta envidia de las personas que estaban todavía acomodándose en los palcos. Desde allí arriba gozaban de una posición privilegiada y podían ver a todo el mundo. Seguramente sería gente con mucho dinero.
Por fin, las enormes cortinas se abrieron y la lejana música comenzó a sonar, creciendo a medida que las luces mostraban una silueta. En el escenario, solitario, un anciano de ropas raídas caminaba con la mirada perdida, tocando su acordeón y cantando una nostálgica melodía en francés. Parecía pobre, pues su abrigo estaba roto, y se abrazaba a su botella de vino con cara triste, como queriendo recordar alguna antigua aventura mientras cantaba. A su alrededor, los bailarines danzaban historias de amor, de tristezas, de alegrías pasadas… Mientras, él se paseaba animando al público a cantar con él. Lucía cantó a pleno pulmón, palmeando con todas sus ganas, animada por el resto del público que entonaba aquella bonita canción junto a aquel loco y tierno anciano. Todo el mundo le aplaudía y le quería.
Cuando terminó la actuación, los actores y bailarines salieron a recibir el baño de multitudes. Lucía aplaudía encantada. Había disfrutado enormemente y cuando el anciano salió, fue la primera en levantarse de la silla. El público lo recibió con una enorme ovación a la que él respondía con su tierna sonrisa despistada, continuando su papel como si aquella actuación no hubiese existido para él, si no que accidentalmente se hubiese tropezado en el escenario en un solo momento de su vida. Era, sin duda, la estrella de la obra.

Cuando salieron al exterior, la pequeña continuaba con la emoción que había ido creciendo desde su entrada al teatro. No dejaba de hablar mientras recreaba torpemente la danza de los bailarines agarrada del brazo de su madre. Ésta la dejó hacer, pero advirtiéndola con la mirada. Se sentaron en uno de los bancos de la estación de tren, a esperar el que había de llevarlas de regreso a casa. La noche había caído mientras ellas estaban en el teatro, y el tiempo había refrescado.
Su madre se sentó y se anudó un pañuelo al cuello para cubrir su desnudez. Lucía, de pie, seguía danzando sonriente.
Tras unos minutos, un anciano se asomó por la entrada de la estación. Sus ropas de abrigo estaban sucias y un poco rotas, y su pelo blanco y mal cortado parecía no haber sido lavado en mucho tiempo. Llevaba una gran bolsa cerrada con cremallera que casi arrastraba por el suelo. Caminaba con dificultad, despistado, entre las columnas del andar. Lucía lo miró divertida. Él se percató y le sonrió mostrándole una dentadura en la que faltaban la mitad de los dientes. Ella se rió y le dedicó una pirueta como las que había visto hacer a los bailarines. Él aplaudió complacido y le respondió con una reverencia.
- Lucía, ven aquí. –el tono de su madre sonó firme y enfadado. La pequeña la miró entre sorprendida y asustada.
- ¿Qué pasa, mamá? –preguntó sentándose a su lado.
- ¿No te he dicho que no hables con extraños? No te acerques a esa gente.- añadió en un susurro.
Lucía miró a su madre y frunció el ceño, confusa. Intermitentemente y con la cabeza llena de interrogaciones intercambió su mirada entre su madre y el anciano que, apenado, se había ido a tumbar en banco más alejado y solitario de la estación.

martes, 18 de noviembre de 2008

Metal escocés hecho por israelíes.




Pues sí, tal como suena. La mayoría, supongo que al igual que yo la primera vez que oí el título, habréis puesto una cara de asombro de las que se retratan mejor en los smilies del messenger.

Esto de estar de Erasmus tiene sus ventajas, (muchas sí, todos lo estáis pensando, aunque también tiene sus contras aunque no lo creáis) y al fin, empieza a dar sus frutos ese intercambio multicultural que se produce.
En mi caso, dos de los amigos más cercanos que he hecho aquí en las frías tierras de Germania, son israelíes, y ella es quien me ha mostrado este grupo. Tal y como queremos mostrar en Los Pies Fríos, es un grupo escondido en los callejones, en la sombra, esperando su oportunidad pero divirtiéndose mientras en baretos y pequeños festivales de villa donde tocan.
Su estilo resulta de un intento de unir culturas en un país en el que conviven en una sola ciudad las tres religiones más importantes e influyentes del mundo. Sólamente con este detalle no me explico cómo no se me ha ocurrido antes mirar para aquel país, que ha de estar lleno de una cultura realmente interesante.
Aquí os dejo, sobre todo para los que os guste el metal en todas sus vertientes, un nuevo grupo que fusiona estilos y tiene ese sabor escocés que ha dado nombre a su propio estilo. Si a eso le sumamos la potente voz que su cantante maneja a su antojo, con cierto aire a la voz de Floor Jansen de After Forever, no tienen desperdicio.
Ellos son Xamavar, y podéis ver un poco más en su página web y escuchar su música.
Os dejo el enlace de una de sus canciones, particularmente mi favorita.

http://www.xamavar.com/audio_track-001.html