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viernes, 30 de enero de 2009

Madurar 3


Hoy, tras el primer ron con cola conjunto a los dos chupitos de vodka, he estado repasando mentalmente comentarios de personas cercanas a mí.
Haciendo recuento de sueños cumplidos y por cumplir, de aspiraciones y decepciones, de sobras y faltas. He permitido a mis fantasmas personales que se escapen y se muestren para darles la ocasión de reírse de mí y mostrarme cosas que normalmente en estado de sobriedad no permitiría.
He visto que cuanto tuve, hoy solo son cenizas de las maderas que izaban un ideal. Que las cosas en las que creí solo son hoy jirones de un sueño que ha tornado a la realidad.

Tuve una posibilidad de escribir, que ya solo es eso, una posibilidad. Tengo un trabajo casi fijo que da para mis dosis de tabaco, alcohol y viajes. Tengo un instinto de supervivencia que en ocasiones falla. Una mente analítica que gustosa se entrega a la imaginación, una neutralidad propia de una balanza. Demasiados sueños por cumplir y varios que tornaron a pesadillas. Tuve un amor no correspondido y alguien que me amó sin poder ser correspondida…

Hace unos días un amigo me preguntó qué seríamos dentro de diez años, y yo respondí en coña que seguiríamos siendo los mismos tíos que hoy, sin haber avanzado, pero con diez años más… hoy he cmprendido que aquella coña podía ser cierta, que lo que hoy soy no es más que un preludio del mañana, y que no avanzo, estancado y poco a poco pudriendome en varios sentidos.

Ojalá algún día pudiera avanzar, algún día volviera a ser el tifón que era, que no miraba sus errores ni faltas, que no hacia recuento de misiones cumplidas… Pero por algún jodido motivo, ya no volveré a ser un ser alocado, al menos no sin tener el regusto amargo de saber que algo puede ser efímero, que las metas, en ocasiones no son imposibles, sólo inalcanzables.

Que por algún motivo puede que haya una señal sobre mi cabeza que marque un “no” en letras de molde para asegurar que hay territorios a los que no se me permitirá entrar.

Hoy mis fantasmas han hablado, y han dictado una realidad presente. El único amor aceptad y tenido entre mis brazos, tiene nombre:

Soledad.


*******************

PD: Perdón por un tercer madurar.

jueves, 22 de enero de 2009

Reivindicando lo español



Si hablo de la letra ñ después de leer el título, todos me entenderéis sin problema. Hoy en día estamos ya acostumbrados a ver campañas a favor de nuestra letra más emblemática, de que se le ponga su nombre a un disco o de leer odas en su nombre y adoración.
Sin embargo, hoy quiero reivindicar el uso de otro miembro de nuestro escribir al que tenemos realmente abandonado, y que está en serio peligro de extinción, mucho más que nuestra ñoña ñ. En realidad, dos miembros. Dos miembros que nos han ayudado durante años a expresar alegría, tristeza, sorpresa, duda, rabia… sentimientos. Los dos miembros sin los que nuestras reacciones estarían cojas, y a los que hoy en día hemos relegado al olvido por la pereza de ahorrarnos un trazo.
Los signos de interrogación y admiración del inicio de oración. ¡Sí! ¡Estos mismos! Con esto de la globalización, el inglés, los sms, internet y demás cuestiones susceptibles de culpar, nos hemos ido acostumbrando a usar solamente los símbolos que cierran la oración, dejando el inicio de la misma desnudo de su sentimiento. No tengo ni idea del porqué histórico que explica que en español usamos ambos o del que explica por qué ingleses o alemanes (o probablemente algún otro idioma) solamente usan los finales. Sin embargo, quiero llamar la atención sobre esta cuestión que realmente me preocupa, pues creo que ambos símbolos están perdiendo su esencia y lo que es peor, su presencia.
Pensad un poco; ¿qué serían Mortadelo y Filemón sin las ¡¡¡ iniciales? O esas interrogaciones tan largas en las que no sabes exactamente donde empieza la pregunta? ¿Acaso cuando exclamamos o preguntamos, no entonamos la oración desde el principio? Usemos las dos interrogaciones, y usemos las dos exclamaciones. Usemos la ñ y sonriamos escuchando a un alemán o un israelí intentando pronunciarla. Usemos el que completo, o terminaremos hablando con los ingleses, cuyo idioma está destinado a perdurar únicamente en la tradición oral, ya que la escrita prácticamente ha desaparecido.
Y para terminar, si te has dado cuenta de que no he puesto una interrogación inicial, entonces es que este texto ha tenido sentido, y que tú sientes al igual que yo … que falta algo.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Una vida en dos dimensiones


Buenas noches, días o tardes según la hora que sea cuando leais esta nueva entrada del blog.

Hoy no quiero extenderme. No quiero escribir párrafos y párrafos. No quiero crear un principio, un cuerpo y un desenlace. Hoy, simplemente, voy a permitirme un par de palabras sólo para dejar que hagáis vuestras propias reflexiones, opiniones, o simplemente echéis un vistazo, al cuadro que os muestro a continuación.

El rostro os resultará familiar a la mayoría, pues su cara ha dado la vuelta al mundo bajo su propio pincel. Ella misma dibujó su principio, su desarrollo y su final, ante la desesperación de no poder hacer nada más que limitarse a expresar la frustración que el destino había elegido para ella.

Nació con la Revolución y fue la Revolución. Una mujer que se rebeló contra todo, incluyendo el dolor físico y el sufrimiento que tuvo que soportar a lo largo de toda su vida. Sus cuadros no son arte; son el mejor diario jamás escrito de los sentimientos de su retratada.

Una mujer que pasó años atada a una cama, sin poder moverse ni distraer su mente ávida de movimiento entre otros ensueños que no provocase un insignificante pincel. Años de silencio, de tortura, y de la eterna compañía de ella misma.

Muchas veces echamos en falta ese tiempo para nosotros, tiempo en silencio, en soledad, para conocernos y saber quienes somos en realidad. Sin embargo, no en pocas ocasiones llegamos a temer lo que comenzamos a descubrir, y rápidamente buscamos ocupar de nuevo nuestro tiempo y nuestra compañía, ahuyentando aquel ser que estaba comenzando a desvelarse.

Yo me pregunto cuánto miedo hay en esos ojos que ella pintó, cuanto de esa Frida Khalo que se descubrió durante eternas horas a solas postrada en una cama. Cuantas Fridas diferentes y todas una misma. Cuantos sueños desvanecidos en un cuerpo inerte.

Hoy simplemente, miro en los ojos de una mujer que tuvo que enfrentarse a ella misma antes de enfrentarse al resto del mundo.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Héroes de los que nadie escribe


Hay personas que intentan mejorar su pequeño universo. Vidas que se encargan de ser brújulas para los que, perdidos, entran en su círculo íntimo. Vidas que buscándolo o sin buscarlo acaban siendo faros entre un mundo repleto de dudas.

Normalmente no se les reconoce por su aspecto. Se les reconoce por los gestos, pensamientos, palabras de aliento o consejos que manan de ellos, como si de una fuente se tratara. Son cruzados de una batalla propia. Adalides de un ideal olvidado por tantos que parecen ser almas que vagan buscando una compañía afín.

Para ellos el enemigo a batir puede tener diferentes rostros: la soledad, el olvido, el dolor… Y sin embargo, a pesar de haber ganado bastantes batallas, de contar con cientos de buenos momentos, y de haber visto los resultados de su esfuerzo, portan tras sus espaldas batallas perdidas, derrotas que les hace replantearse si han sobrevivido un día más o si solo les queda un día menos que soportar.

Esas personas son héroes, sean reconocidas como tales o no. Son anónimos que con su sacrificio consiguen que su honor permanezca limpio. Sus esfuerzos pueden resultar vanos o efímeros, pero siempre alzan su brazo cuando estiman que su ayuda es necesaria. Pero tienen tantos fantasmas en su conciencia que a veces escapan. En ocasiones minan su resistencia, destruyen su ser, hacen algo irrisorio de lo que han convertido en un ideal, ofuscan su juicio para hacerles olvidar que su misión nunca se movió por una medalla o por una palabra de agradecimiento. Su recompensa no iba más allá que el vano orgullo de saber que si las cosas estaban bajo control era gracias a los pilares que ellos iban colocando donde veían que el puente iba a caer.

Y algunos de ellos, que mirando desde un enfoque son bajas muy considerables, sufrieron tanto que se convirtieron en aquel gris que rechazaban adquirir en el principio de sus caminos. Una nada que no hace honor ni reconoce el mérito de los pasos que recorrieron día tras día, convirtiéndolos en una sombra de la luz que fue su vida.
Porque después de todo, cuando lanzas el escudo a tierra, ese símbolo con el que defendías el ideal ante el que clavabas la rodilla al suelo, no dejas de defenderlo.

Directamente lo asesinas con las manos descubiertas.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Palabras sin sentido.

Hay días que tu vida es una mierda. Que las sucesión de detalles que compondrían tu universo, parece haberse levantado con el pie cambiado y directo a un gran pozo de lodo para que te ahogues ahí.


Hoy, que me leéis, seguramente sea lunes, pero el Domingo ha sido el verdadero día en que escribo estas letras. He discutido con amigos y familiares, mañana empezaré a trabajar en un empleo como receptor de broncas y voy encaminando mi vida a la independización.


Pero sigo teniendo que comerme marrones.


La gente dice que se cree fuerte, en general es difícil encontrar a alguien que no piense que en las situaciones putas, hay una esperanza. Pues yo me contaba entre todas esas personas, y hoy sin embargo, mi imaginación no se escapa de un tema: la locura. Y sin embargo, espero no estar tarado.


Posiblemente, hoy esperaríais un post romanticón, ya que soy quien suele tener un “ella” en los escritos, pero es que ni por esas. Hoy estoy muyyyyyyy quemado, demasiado, más de lo que me gustaría y más de lo que aguanto. Tras un viaje en el que redescubrí partes ocultas en mí, en el que otras fueron desarrollándose a su punto más álgido y en las que las más débiles cayeron para hacerme ser como soy, sacrifiqué varios principios que jamás pensé que podría hacer.


No creo en el amor, y empiezo a dudar de si los héroes no son tan buenos como parecen, los universos que podríamos crear a nuestro alrededor no son más que mentiras de las que solo queremos ver luces, sin pensar o sin querer saber que pueden contener muchas más sombras que iluminaciones.


La vida es un mero trámite y las incoherencias de los locos, en ocasiones, tienen muchísima verdad. En resumen, una sonrisa es mucho más etérea y fugaz que una lágrima. Y sin embargo, hoy no tengo huevos de valorar la risa por encima del lamento.


Solo hay algo peor que un caballo perdedor, que un pesimista de nacimiento o que un tramposo sin cartas en la manga.


Y eso es un optimista desengañado.

sábado, 3 de mayo de 2008

Gata perdida.


Llegó como llegan las mareas, con brisas cálidas. Me dijo que me regalaba algo que era demasiado frágil, que no quería que acabara hecho pequeñas esquirlas, pero a la vez, que no quería que el mío pudiera acabar igual. Yo dejé escapar una sonrisa, demasiados palos había recibido un ajado corazón como el mío, para que no me atreviera a deleitarme con la miel del amor, aunque fuera una ultima vez. Y acepté un contrato firmado con besos y abrazos. Descubrí de nuevo el gran hueco donde se puede reposar la cabeza y el aroma envolvente de las damas.

Por instantes, dejo de ser humo y sombras, para redescubrir secretos que quedaron olvidados. Todo por un ella. Por el “ella” de la mejor de las historias. La que se vive. Y aunque quizás mañana ella siga su camino. O no seamos el uno lo que buscaba el otro. Aunque la palabra amor, se convierta en olvido o peor, en rutina. Por una vez, parece que la diosa Fortuna me ha sonreído levemente para dejarme en mi camino el regalo de una gata de piel morena y ojos pardos.

Hoy el sol brilla con más fuerza. Mañana, ¡quién sabrá!

sábado, 26 de abril de 2008

El sonido de la vejez: Un canto al olvido.


Por desgracia son pocas ya las ocasiones de las que dispongo para dejar que los pies me lleven tranquilamente entre la docena de casas de la aldea en la que me he criado. Hoy lo he hecho, permitiéndome llenar los pulmones del aire que los bosques de alrededor nos regalan todos los días, sonriendo ante el verde brillante salpicado de margaritas que Galicia tiene en esta época del año, y cortejando a mis oídos con la melodía que aquí entona la naturaleza. Sin embargo, se cruzó un sonido que tal vez no habría querido escuchar. Al menos en aquel momento no lo pensaba.
Mis tíos, pasado ya el umbral de los ochenta años, salían en aquel momento de guardar los aparejos con los que durante el día a veinticinco grados habían estado trabajando la tierra, como de costumbre. Recibí con una sonrisa sus caras arrugadas, y pronto recibí una cálida respuesta cuyo candor había perdido la vivacidad de otros tiempos. Aquellos ojos que han visto tantos años, tantas cosas, tanta gente… ahora viven sus últimos días contemplando cómo las casas se quedan vacías poco a poco, y las últimas semillas de su generación empiezan a caer recordándoles que su final está cerca. Una mirada resignada, y quizás esperanzada en que ese día les traiga un descanso que las dolencias de la senectud hacen a veces deseable.
Algo atenazó incluso mi interior al comprobar que me estaba deleitando con la tranquilidad que otorga la soledad abismal que poco a poco se cierne sobre las aldeas gallegas. Una paz fantasmal que convierte estos rincones en cementerios de recuerdos que perdurarán en su hierba hasta que el hormigón las cubra, pero que caerán en el olvido cuando la última gota de su vida se derrame entre sus matojos.


sábado, 12 de abril de 2008

Una nueva raza


Si de algo me han servido los casi seis años que llevo viviendo en Ferrol es como oportunidad única de estudiar a la nueva raza humanoide que he descubierto en esta ciudad: los conductores de autobuses de Ferrolterra. Aparentemente son humanos comunes y corrientes que podrían caminar entre nosotros pasando desapercibidos, pero con unas cuantas directrices que he ido analizando en los últimos años, podrán reconocerlos fácilmente:

Carecen de visión lateral. Tras correr innumerables veces al lado del autobús, o verlos pasar de largo tras esperar media hora en la parada, he llegado a la certera conclusión de que estos individuos poseen un sistema de visión inverso al de los caballos. Es decir, sólo ven frontalmente.

Su capacidad auditiva es menor que la del homo sapiens común. Si el autobús en el que circulan no es de cuando Franco era caudillo y el pitido de la parada suena más que la sirena de los barcos, no se molesten en presionar el botoncito. Tendrá que hacer uso de sus cuerdas vocales y avisarlo mediante el tradicional sistema del grito o berrido a lo gallego.

Necesitan ingentes cantidades de café al día. Da igual que lleve acumulado retraso, que sea hora de salir y que haya gente esperando ya en la parada. Para esta raza, es absolutamente imprescindible el café al final de ruta.

Su sistema de sociabilización se reduce a la propia raza. Es un sistema curioso que me ha costado descifrar. Con respecto al resto de humanos comunes, su relación se reduce a unos cuantos gruñidos, algún que otro berrido o como mucho, una cortés contestación de buenos días (siempre hay alguno que siente curiosidad por las demás razas del entorno). Sin embargo, con respecto a su propia raza, necesitan constantemente la cercanía. Por ello, lo más habitual es que todos los autobuses que coincidan en ruta vengan juntos de hora en hora, en vez de uno cada veinte minutos como sería lo estipulado por los horarios.

Elusión inconsciente de la responsabilidad. Estos individuos tienen una concepción de hechos como la responsabilidad de los actos muy diferente, es decir, no asumen que sus actos son incorrectos, simplemente, la culpa es de otros. Así que si has tenido que hacer señas de controlador aéreo para que no te pase de largo cuando estabas esperando junto al palo de la parada del autobús, lo más probable es que te regañe porque ESE no es un buen lugar para esperar el autobús.

Dificultad con asumir las normas y leyes que rigen el día a día del humano común. Cosas como hablar por el móvil al conducir, hacer cambios de sentido en lugares donde no está permitido, extremar el control de la velocidad en condiciones climatológicas adversas… les cuesta… Hemos de comprender que son seres humanos extraordinarios. Excluyendo su defecto auditivo, están por encima de nosotros.

Así que, si se topan con un conductor de autobuses ferrolano por la calle, tengan en cuenta sus necesidades vitales para tratar de comprenderlo. Debemos ser tolerantes y facilitar la convivencia con todas las razas vivas del mundo, y apreciar la suerte de poder asistir en persona al surgimiento de una nueva especie.

martes, 1 de abril de 2008

Las cicatrices del corazón de un perdedor.


Hay mujeres que marcan nuestras vidas. Esas que con sus guiños picantes y sus sonrisas llenas de luz nos hacen creer que Satanás no es lo suficiente fuerte como para evitar que las sigamos viendo. Y que no hay belleza en el cielo para hacernos despegar los ojos de ellas. Después está su forma de ser, destilan carisma por sus poros. Tienen esa chispa que quema y atrae a la vez.

Muchas mujeres así surgen en nuestras vidas. A veces, una marca más que las otras, a veces no. Pero siempre, por olvidadas que las tengamos, un número o una foto nos hace recordarlas, y pensar en qué pudo haber sido si tras un comentario hubiéramos dado los pasos pertinentes. En nuestros labios aparece una sonrisa de medio lado, irónica y que nos hace pensar que eso ya pasó. Pero que el último café no nos lo arrebatará nadie, y decidimos llamar.

Su voz sigue siendo de miel, y su forma de pronunciar las palabras como el más dulce te quiero jamás pronunciado. Tocamos la cicatriz de nuestro corazón, y sabemos que la vieja herida vuelve a sangrar… sabiendo que nosotros hemos hecho que salten los puntos. Y cuando aceptan una invitación para un café, desempolvamos la chaqueta de cuero, ya con más de un picotazo dado, y que empieza a perder su color inicial. Agarramos la colonia esa que decíamos que no usábamos porque olía raro, cuando en realidad no olía raro, éramos nosotros los que no queríamos oler igual que antes. Y sonreímos socarronamente al espejo, recordando aquellos momentos en los que éramos más tenaces, nobles y santurrones.

Pero cuando llega la hora, con la chica frente a ti y el café servido, las piernas tiemblan igual que la última vez. Y ahora aparece un nuevo miedo. El miedo al no. Que nos cose los labios y nos arrebata las ganas de intentarlo. Aunque creamos que en sus ojos se espera con ganas ese momento. Surgen recuerdos y situaciones ya vividas, y sabes que, independientemente de que ese cruce se más largo o más corto, ya no eres el mismo.

Aunque ella si lo sea.

sábado, 23 de febrero de 2008

¿La era de la Justicia Artificial?


Justicia. Según el diccionario de la Lengua Española, se define el término como "la virtud que consiste en poner en práctica el derecho que asiste a toda persona a que le sea reconocido lo suyo o las consecuencias de su comportamiento, debiendo presidir la misma las leyes fundamentales de una nación". Sin embargo hoy en día su sola mención provoca una reacción más próxima al sarcasmo que al respeto solemne que evocaba aquella figura femenina que alzaba poderosamente la balanza con una venda ocultando los rostros a sus ojos justicieros. Día a día, las noticias cercanas y lejanas nos demuestran que, universalmente, la teoría está en muchas ocasiones muy lejos de la realidad práctica a la que ha de someterse. Y este es un hecho que no entiende de culturas, educaciones o religiones, sólo quizás, de la raza misma. La humanidad.


Los griegos eligieron a una dama para portar la libra; sin embargo, se podrían añadir muchos elementos en los platillos de la misma que hacen desequilibrar ambos lados en los descendientes de la Diké: dinero, amistades o incluso la punta de una pistola crean hoy en día prejuicios que dan la vuelta al código penal como una tortilla en una sartén, y el huevo parece no cuajar nunca. Tal vez el problema sea la mano humana que agarra el mango de la cazuela.


En la primera década del siglo ventiuno nos hemos acostumbrado ya a que las máquinas sustituyan el trabajo de los obreros en las fábricas, a que un cajero automático nos supla más funciones que el antiguo banquero, a que una máquina realice las operaciones más complicadas de cirujía y hasta el dispensador de gasolina nos dá los buenos días cuando repostamos. Aún sin habernos parado a pensar demasiado en las ventajas o desventajas que esto pueda tener, nos hemos acostumbrado a introducir la inteligencia artificial en todos los elementos de nuestra vida. En todos, excepto quizá en lo que se refiere a esta gran palabra.


¿Y si tuviese más lógica una Justicia informatizada que doscientos obreros en paro por una máquina? ¿Seríamos capaces de imaginar un juicio en el que el mazo fuese blandido por un robot con todo el código penal memorizado en la base de datos y sin cuestiones personales añadidas? Inmune a chantajes, avaricias, amenazas o sentimentalismos. Eso sí, carente totalmente de humanidad. ¿Puede ser que esta sea también una desventaja? ¿Puede solamente la teoría que estipula una legislación establecer un veredicto "justo" en un juicio?


A pesar de que el magnático mundo de los jueces no ha sido tocado todavía por el desbancamiento de la nueva raza inerte cuyo idioma se basa en dos únicos números, tarde o temprano la cuestión será inevitable, y ellos mismos serán llevados ante la opaca firmeza de la tela que oculta los ojos de la Justicia, y entonces los platos sopesarán cual, si la raza creadora o la raza creada, devolverán a la palabra su ancestral rotundidad.

martes, 19 de febrero de 2008

Lo mejor de escribir.

Cuando me preguntan qué es lo mejor de escribir, una sonrisa aflora en mis labios. Para un humilde servidor solo hay una respuesta que pueda considerarse “lo mejor de escribir” e implica la acción de otros, como el amor.

Lo que más me gusta de escribir es ser correspondido por, al menos, un lector que no sea yo. El acto de ser leído, me muestra lo más similar a la senda de la “inmortalidad”, pues sé que si uno de los escritos surgidos de mi corazón llega a otro corazón, habrá sido marcado por como soy, por mis ideas, por mi vida. Y aunque esa alma desapareciera, seguramente terminaría marcando a otra más pronto o más tarde… transmitiendo en ese todo una pequeña fracción de mí. Formando una cadena eterna.

Al escribir se demuestran las pasiones de un escritor, sus sueños y miedos, su particular y subjetiva manera de ver el mundo. Y al ser leído, es escuchado. Siendo así palabras que no se las lleva el fuego de una hoguera para acabar siendo reducidas a cenizas. Se las lleva el aire, para germinar en el lugar donde las deje.

Cuando imagino la mejor manera de describir una crítica a un escrito solo una puede surgir: Recibir críticas es como ser besado. Hay besos amargos y besos dulces, hay besos impacientes y besos tranquilos, besos que te hacen sentir escalofríos y besos que hacen que te dé escalofríos deseando que acaben. Pero sean como sean, son besos. Y siempre se reciben por ser donados por una persona. Las críticas de un lector son igual. Siempre deberían ser recibidas, y siempre se desean recibir. Y quién no recibe besos –críticas- lo sufre… No los dejéis así nunca, es el único favor que os pido.


Una vez, una sabia dijo que los detalles pequeños forjan las mejores historias que contar. Si es así, mi historia os tiene a todos vosotros, mis lectores, como detalles. Sin vosotros, lectores declarados o en la sombra, la historia no merecería nunca ser contada. Por ello…

Gracias.